
Es un pong dopado. Encarnamos a una barra en la parte izquierda de la pantalla con la cual debemos evitar que las bolas de colores se vayan colando en nuestra ''pared''.
Cada bola (es irónico, porque son cuadradas. Se supone que son píxels) tiene una característica especial: unas van más rápidas, otras hacen parábolas, otras van danzando por la pantalla hasta que deciden caer como meteoros hacia nosotros... Y bastantes más es lo que hacen de este juego un producto divertido, ya que las situaciones nunca se repetirán.
Hay que decir que si llevamos ''x'' bolas ''golpeadas'' la pantalla va ganando en colores psicodélicos y melodías electrónicas la mar de bonicas. Por el contrario, si fallamos mucho, la pantalla se vuelve en blanco y negro (como el Pong original) y al música se desvanece. En la última fase nos hartaremos de ver el color monocromático. Y es que la dificultad de este juego es añeja: No hay chek-points, si morimos al final de la fase, a empezar del principio. Y las fases pueden durar hasta diez minutos de reloj. Si no fuera por la música y el ambiente colorido desistiríamos, lo doy por sentado.
Aún así es una dificultad que al final acabas resolviendo con memoria más que con habilidad. Has de recordar por donde van a caer las bolas y de que forma, para así aplicar tu destreza y sobrevivir. Pasa exactamente igual que con el Bit.Trip. Runner.
Hay tres fases, pero acabar el juego nos puede llevar, siendo hábiles, como mínimo, una hora. A mi me ha llevado dos horas y media.
Es un buen reto con aires clásicos, pero parece haber quedado más como un experimento que como un juego.
A mi este juego me pone nervioso, primo.
ResponderSuprimir@DarthKafka Muy normal, es su propósito, el ponerte estresado con el colorido y el sonido punzante de la música.
ResponderSuprimirah, vale... entonces logro desbloqueado...
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